¿Por qué estamos contra una candidatura “única” de izquierda en las elecciones?

Por Por: Valerio Arcary, columnista de la Izquierda Online

Cucaracha conocida no pasa a través de gallinero.
De nada sirve llorar sobre la leche derramada.
No confíe en la suerte. El triunfo nace de la lucha.
Sabiduría popular brasileña

 

Estamos ante mucha presión por una candidatura única de izquierda. Uno más en política no es igual a dos. La izquierda debe tener la lucidez de unirse contra los enemigos comunes. Sí, hay uniones que fortalecen, como el Frente Único contra los fascistas. O el Frente Único contra Temer. O el Frente Único por el derecho de Lula ser candidato.

Pero un frente electoral exige mucho más que la disposición de luchar contra enemigos comunes. Exige, también, para acreditarse seriamente como una alternativa, algo más, algo más allá que la sola formulación de un programa en el papel. La alianza en torno a Boulos/Sonia Guajajara se ganó el derecho a presentarse en las horas decisivas de la lucha de clases de los últimos cinco años. Ganó legitimidad en las calles en junio de 2013, y en la lucha contra el impeachment. Algunos en la izquierda estuvieron muy bien en junio de 2013, como el PSTU y otras fuerzas en la izquierda. Pero se posicionaron muy mal en la lucha contra el golpe en 2016. Otros, como la mayoría del PT, escogieron a la inversa, pero eso no es menos grave.

Un frente electoral es de naturaleza distinta que un frente único para luchar por objetivos específicos, porque exige un programa. No puede ser construido solamente contra los enemigos comunes o las reivindicaciones parciales. El programa electoral no puede ceder a las presiones posibilistas o a las tentaciones maximalistas.

¿El PT estaría realmente dispuesto a autocríticas del balance de los trece años? ¿Alguna autocrítica? El PT estaría dispuesto a criticar el impacto del trípode macroeconómico que se puso de pie con Palocci, cuando estaba asociado a la consultoría de, nada menos que, Delfim Netto? ¿Y reevaluar la propuesta de reforma de la previsión social defendida por Dilma Rousseff con Joaquim Levy al frente de Hacienda? ¿Algo que decir sobre las privatizaciones? ¿O sobre las alianzas con el agronegocio? ¿O sobre los compromisos con la gobernabilidad, vía el Congreso Nacional? ¿Está dispuesto a defender el fin de la Ley de Responsabilidad Fiscal y la búsqueda del superávit fiscal, por ejemplo? ¿Está dispuesto a criticar las alianzas, con el Centrão por algunos años, y con el PMDB?

¿Exigir estas evaluaciones sería exigir demasiado? ¿Sería el ultimatismo? ¿Será posible pensar en un futuro para la izquierda sin sacar lecciones de estas experiencias? La respuesta lúcida, madura, clara, cristalina, inevitable es no. Para el PCdoB el camino para una coalición con el PT es diferente que para la Alianza construida por el PSOL. El PCdoB participó en los gobiernos de Lula y Dilma, porque había acordado en lo fundamental con los programas de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff. Durante trece años no hicieron diferenciación alguna. El PSOL no tenía acuerdo.

Seamos serios. Mantengamos el respeto. Tenemos responsabilidades inmensas. Aquellos que construimos la candidatura Boulos/Guajajara creemos que hay que encender una nueva esperanza en la izquierda. El PSOL fue oposición de izquierda a los gobiernos del PT en función de estas y otras diferencias programáticas. Pensamos que no fue errónea esta ubicación estratégica. Además, las elecciones serán en dos turnos. Como ya quedó claro, el PSOL es un aliado honesto en la lucha contra la persecución al PT, y Boulos no será un obstáculo para que Lula pueda ser candidato.

Y la honestidad importa. El PT no debería ser un obstáculo para que Boulos y la Alianza construida por el PSOL puedan defender otro programa. Debería tener grandeza, considerando el lugar del MTST y del PSOL en la lucha contra el impeachment. El PSOL y el MTST tuvieron una posición de principios. El PSOL y el MTST estuvieron juntos también, junto a la mídia ninja, en las calles en las jornadas de junio, cuando el PT estaba en el ayuntamiento de São Paulo y en el gobierno en Brasilia. La Alianza en torno a Boulos y Sonia Guajajara puede presentarse ante los sectores organizados de los trabajadores y de la juventud con la cabeza erguida. Su papel será el de llamar a la lucha a los que perdieron la esperanza. Lo que se necesita es inflamar el ánimo de los que cayeron en el desaliento. El lugar de la izquierda en las elecciones es convocar a la mayoría del pueblo a confiar en la fuerza imbatible de su movilización.

Porque la alianza es una chispa para las movilizaciones que vendrán. Solo la lucha cambia la vida. Será un instrumento útil en la lucha para sacar a Bolsonaro de la segunda vuelta. Será un punto de apoyo para la organización de miles de activistas para las luchas que vendrán. Esta actitud debe expresarse en los criterios para la elaboración del programa.

Un programa electoral de izquierda debe ser un programa de movilización. Un programa electoral responde a la disputa política. La disputa política es la forma en que se debate la lucha por el poder. Es decir, a la cuestión de quién debe gobernar, cómo gobernar y contra quién gobernar. Deben ser ideas poderosas para entusiasmar, cautivar, encender, encantar la rebeldía de la juventud y del pueblo. Deben inspirar a que otra vida es posible. El eje del programa de las candidaturas Boulos/Guajajara es, correctamente, la lucha contra las desigualdades sociales que explican los dramas que castigan la vida de la inmensa mayoría de los trabajadores y del pueblo. Las propuestas se centran en la idea de que sin lucha y participación popular no es posible cambiar Brasil.

No es raro que se confunda un programa electoral con una plataforma de reivindicaciones sindicales o populares. O con un programa de gestión del Estado, un programa de gobierno. No es ninguno de los dos. Una plataforma de reivindicaciones expresa demandas que una categoría de trabajadores, como los profesores en lucha por la valorización salarial, o un movimiento popular, como el de lucha por la vivienda o por la tierra, presentan como exigencias a un gobierno de turno. Son reivindicaciones específicas. Pero, aun cuando son reivindicaciones unitarias, una plataforma de reivindicaciones tiene una naturaleza distinta de un programa electoral. El año pasado, por ejemplo, el repudio a las propuestas de reforma de la seguridad social fue el combustible para la realización de una de las mayores huelgas generales desde los años ochenta. Esta plataforma de reivindicaciones tenía el objetivo de construir un frente único para la acción. Ella tenía que ser un denominador común que cimentara el frente único de las centrales sindicales (CUT, Força Sindical, Nova Central, CTB, CSP/Conlutas, y otras) y movimientos sociales. En las elecciones, cada partido presenta sus propuestas. El papel de la Alianza PSOL/PCB y los movimientos sociales es presentar sus propias propuestas.

La elaboración del programa electoral debe estar contextualizada por un análisis de cuáles son los problemas más graves que afectan a los trabajadores y al pueblo. Pero ello está condicionado por un análisis de la coyuntura política. Las condiciones impuestas por la coyuntura adversa cuentan. Si no, el programa electoral sería, esencialmente, siempre el mismo, sin importar si las elecciones se realicen en 1998, 2028, o en 2018. Somos socialistas, y debemos defender la necesidad del socialismo en las elecciones. Sería políticamente deshonesto y, por lo demás, absurdo, ocultar nuestra identidad programática, nuestro proyecto histórico. Pero la defensa del socialismo o de la revolución no es, en sí y por sí misma, un programa electoral. No podemos concurrir en Brasil con el programa de la Comuna de París de 1871. Nuestro programa electoral debe reconocer las condiciones en que se realiza la disputa. Estas condiciones son, fundamentalmente, dos: después del golpe parlamentario-institucional de 2016, y la secuencia de trece años de gobiernos de conciliación de clases bajo el liderazgo del PT. Disminuir el impacto de las terribles secuelas originadas por el golpe nos dejaría separados de la experiencia práctica de decenas de millones que están viendo sus vidas empeorar día a día tras el impeachment de Rousseff. Desconocer el balance de los trece años de gobiernos liderados por el PT nos deslegitimaría como una nueva alternativa de izquierda.

El programa electoral debe identificar contra quién luchamos y nuestra decisión de derrotarlos. Grandes movilizaciones de masas no se mueven solo por indignación o por la percepción de la injusticia. Necesitamos, también, tener gente activa que crea que puede ganar, aunque sean victorias parciales. La perspectiva de que las victorias son posibles importa. Por más modestas, por pequeñas que sean o por más invisibles que puedan parecer, esas victorias siembran una disposición por más movilización que todos los “llamamientos a la resistencia”. Disminuir el drama de la vida de las personas con ligereza es de una rigidez doctrinal imperdonable. Las propuestas serias no son lo mismo que las propuestas “viables”, y no pueden reducirse a ellas. Las propuestas serias deben ser concretas. Las propuestas serias deben ser iniciativas por las que vale la pena luchar. Las propuestas “viables” es una fórmula que desconsidera que la primera responsabilidad de una izquierda radical es demostrar que hay que cambiar las condiciones de la lucha política. Una izquierda que no es útil es inofensiva. Una izquierda útil debe ser peligrosa.

Un programa electoral tampoco necesita ser un programa de gestión. Un programa de gestión necesita considerar incontables factores, entre ellos, el tiempo. Fantasear con que un partido de izquierda al llegar al poder podría hacer lo que quisiera, sería infantil y tonto. ¿Qué hacer inmediatamente para garantizar que el gobierno no sea derribado? ¿Cómo construir las condiciones a medio plazo para tomar tales o cuales medidas? Imaginar que se pueda, anticipadamente, encontrar todas las soluciones, desconociendo a los enemigos y sus iniciativas, es ingenuo y doctrinal. No hay fórmulas universales preestablecidas para enfrentar a las fuerzas reaccionarias. A no ser un criterio que pasó la prueba en el laboratorio de la historia: no es posible luchar por la transformación de la sociedad sin despertar la furia contrarrevolucionaria de la clase dominante.

Imagen: kandisnky 1911

 

TEXTO ORIGINAL

Por que somos contra uma candidatura ‘única’ de esquerda nas eleições?